El difusor de varillas es el aparato más simple que hay para perfumar una casa: no tiene llama, no tiene enchufe y no hay que acordarse de él. Precisamente por eso se coloca mal a menudo.
Cómo sube el aroma
Las varillas son de rota natural, una caña con canales abiertos por dentro. El líquido sube por esos canales por capilaridad hasta la parte de arriba, y allí se evapora al aire de la habitación. No hay más truco: cuantas más varillas, más superficie de evaporación y más intensidad.
Al montarlo, espera media hora antes de esperar nada: las varillas tienen que impregnarse enteras. Y para avivarlo, se les da la vuelta. Basta con hacerlo de tarde en tarde; hacerlo cada día solo gasta antes el frasco.
Dónde ponerlo (y dónde no)
El mejor sitio es la entrada o el pasillo: sitios de paso, con movimiento de aire, donde el aroma se reparte solo hacia el resto de la casa. Es el aparato que mantiene el fondo de olor todo el día mientras tú no estás.
Lo que conviene evitar: muy cerca del techo, donde el aire está quieto y no baja; y encima de un radiador o al sol directo, porque el alcohol se evapora de golpe y el difusor dura semanas en vez de meses.
Cuánto dura
Un difusor de 250 ml dura unos cinco meses en condiciones normales. El de 500 ml está pensado para recibidores y estancias amplias, y viene con un frasco de repuesto incluido.
Cuando se acabe, no tires la pieza
El recipiente es de porcelana hecha a mano: es lo que cuesta de fabricar y lo que no se gasta. Hay repuestos de 500 ml para rellenarlo, y varillas de recambio. Cambiar las varillas al rellenar es lo que hace que el último mes huela igual que el primero: las viejas se saturan y dejan de subir la fragancia.
Ver los difusores, en nueve fragancias.