Cera vegetal o parafina: qué cambia cuando enciendes la vela

Cuando se compara una vela con otra se suele mirar el aroma, el bote y el precio. Casi nunca la cera, que es de lo que está hecha la vela entera. Y sin embargo es lo que decide cómo funde, cómo sube el olor y cómo queda el recipiente al final.

Qué es cada cosa

La parafina es un derivado del refino del petróleo. Es barata, se tiñe y se moldea con facilidad, y por eso es la cera más común del mercado.

La cera vegetal —de soja, de coco, de colza— viene de aceites de origen vegetal. Es más blanda, funde a menos temperatura y aguanta peor los cambios bruscos de temperatura, que es justo por lo que es más difícil trabajar con ella.

En qué se nota al encenderla

Funde antes y más despacio. Al fundir a menor temperatura, la cera vegetal forma el charco de cera con más calma. Eso alarga la vela y hace que el aroma salga de forma más sostenida, en vez de un golpe fuerte al principio que luego se apaga.

El aroma se comporta distinto. Una cera que funde más fría arrastra la fragancia de otra manera: se nota menos «caliente» y más parecida a como huele la vela apagada.

El recipiente queda limpio. La cera vegetal se limpia con agua caliente y jabón, así que el recipiente se reutiliza sin pelearse con él.

Lo que hacemos nosotros

Las velas de Cortell llevan cera 100 % vegetal, sin parafina, y mecha de algodón orgánico. Se vierten a mano, una a una, en lotes de cuarenta. No es la forma más rápida ni la más barata de hacer una vela; es la que deja la vela que queremos.

Y hay una consecuencia práctica: como la cera es más blanda, el primer encendido importa más todavía.

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