Casi todas las velas del mercado vienen en cristal. Es transparente, es barato y se fabrica en serie. Nosotros las hacemos en porcelana, que es más lento y más caro. Estas son las razones.
La porcelana no se calienta igual
La porcelana es peor conductora del calor que el cristal, y eso en una vela es bueno: la pared del recipiente se calienta menos y la cera se mantiene a una temperatura más estable mientras arde. Además es opaca, así que la luz sale por arriba, no atravesada por el lateral.
El relieve sale de la pieza, no de una etiqueta
El estriado de nuestras velas no está impreso ni pegado: está en el molde. La porcelana se cuela en moldes de escayola, se deja fraguar y se desmolda a mano, pieza a pieza. Lo que ves y tocas es la forma de la pieza, y no se despega ni se borra con el uso.
Lo que queda cuando la vela se acaba
Esta es la razón de fondo. Una vela dura 52 horas y luego se acaba; el recipiente no. Lavado con agua caliente, el de porcelana con su tapa se queda para lo que quieras: un lapicero, un joyero, una maceta pequeña. En el formato grande, la pieza está torneada a mano, una a una.
Esa es también la razón de que vendamos repuestos para el difusor: la porcelana es lo que cuesta de hacer, y tirarla cuando se acaba el líquido no tiene ningún sentido.
Dónde se hace
Todo esto pasa en un taller de Valencia: la porcelana se cuela y se desmolda a mano, y la cera vegetal se vierte una a una en lotes de cuarenta. No es una forma eficiente de hacer velas. Es la que permite que cada pieza salga distinta a una fabricada en serie.